jueves, 28 de julio de 2016

Vicky tiene un vestido. Gema Samaro



Sí, Vicky tiene un vestido, un impresionante traje de novia firmado por Balenciaga que ha heredado de una paciente. Un vestido que será el detonante de todo, el punto de partida de una historia romántica con un previsible final.

 Sí, Vicky tiene el vestido, pero también tiene otras cosas. Tiene un trauma que superar, un sentimiento de culpa que le impide mirar hacia el futuro con ilusión. Vicky es una profesional preparada, una buena cardióloga que se preocupa por sanar los corazones de sus pacientes mientras ignora las necesidades del suyo. Vicky tiene una gran pena, y por eso, a pesar de que solo es una treintañera, se ha convertido en una mujer triste, gris, melancólica y, aunque da la sensación que nunca ha sido la alegría de la huerta, ahora Vicky parece una mujer que vive en un perpetuo lunes.


 Vicky también tiene una buena amiga; Marisol, una peluquera autónoma –presumo valiente-, madre soltera, aficionada al esoterismo, divertida y, sobre todo, muy “echá palante”, o sea, la antítesis de Vicky. Marisol es el punto pícaro de la novela, es la amiga optimista, colaboradora y aguanta penas que todas quisiéramos tener… siempre que estuviéramos dispuestas a tolerar cierta dosis de vergüenza ajena y frecuentes salidas de tono.

 
Vicky tiene un vestido, sí, pero también una responsabilidad con su legado. Su dueña quería que semejante joya luciera únicamente sobre el cuerpo de una mujer realmente enamorada, pero: ¿para qué quiere un vestido de novia una mujer que no cree en el amor ni en el matrimonio? Vicky lo tiene claro: hay que ponerlo a la venta y deshacerse de él lo antes posible. Sí, tiene unos requisitos que cumplir, debe encontrar a la pareja perfecta para el Balenciaga y así cumplir con la última voluntad de su amiga y paciente. Para que así sea, todo el proceso debe pasar por la supervisión del sobrino de la difunta; Joaquín, el galán de la historia.

Los ingredientes están servidos: una chica triste y desengañada, un hombre hermoso y dispuesto a sanarla, una amiga divertida y un poco vasta, una exsuegra pesadísima y una novia aún más, un amigo enamoradizo y un vestido de Balenciaga que espera en un maniquí para volver a ser utilizado.
Hasta aquí la reseña.  Si no queréis que os estropee el idilio con la obra no sigáis. Posible Spoiler

Valoración personal.  ( 2/5 ⭐⭐)

Debo reconocer que la novela me ha parecido un pelín floja y en ocasiones se me ha hecho pesada. En ningún momento me he sentido atrapada por la historia. Vicky, la protagonista no hace esfuerzos por caerte bien, al contrario, no la entiendes, no empatizas, lo tiene todo y no lo quiere, de hecho hasta acabas odiándola y deseando que se quede sola…pero eso, por desgracia solo pasa en la vida real. 

No entiendes como Joaquín, el chico “sanador” se fija en ella – que es un muermo recatado y conservador-,  y no sólo se fija sino que se ¡ENAMORA PERDIDAMENTE! Así que se pone manos a la obra, coge un pico y...Venga! a picar piedra, sin prisa pero sin pausa. Lo que haga falta el tiempo que haga falta, todo hasta que la señora  entienda que debe salir del letargo, del estado catatónico en el que ha sumido su cuerpo y su alma y se dé permiso para volver a sentir, en fin no dejo de ver aquí el cuento de la bella durmiente versión 2 o 3 punto cero.

Otra cosa que me ha parecido imposible: el carácter voluntarioso de Joaquín. No sé de dónde sacan la paciencia la mayoría de los protagonistas masculinos de estas novelas, porque en la vida real me da a mí que si en la primera cita la cosa no fluye se queda en eso; en primera cita, en un… ya te llamaré. También me da a mí que las mujeres con problemas, traumas, complicaciones o paranoias varias (y digo mujeres porque es el caso de nuestra protagonista) no son plato de gusto para muchos –los más- y si encima lo ponen difícil ni te cuento. Por eso aún me extraña más que Joaquín insista, no salga huyendo del marrón que le ha colgado su tía, y encima se embelese por una persona que está pidiendo a gritos que la entierren en un convento. Sí, he escrito enterrar en vez de encerrar.

lunes, 18 de julio de 2016

Donde los escorpiones. Lorenzo Silva



 Hace ya dos décadas que Lorenzo Silva dio vida a Bevilacqua y Chamorro, una pareja de la Guardia Civil que ha recorrido el país resolviendo entuertos y aportando sabiduría. En esta novena entrega el subteniente "Vila" y la sargento primero Virginia Chamorro, junto a su equipo de colaboradores, la cabo primero Salgado y el joven cabo Arnau, viajan hasta la base militar de Herat en Afganistán. Allí desplegarán su buen hacer para tratar de esclarecer lo antes posible la muerte de un soldado español.

 Pascual González aparece degollado por un utensilio típico afgano y sin señales de violencia. Las hipótesis que se barajan son varias: un ajuste de cuentas, un crimen pasional, un acto de terrorismo y hasta un suicidio, todo es posible y todo debe ser analizado en un escenario muy diferente al que está acostumbrado el equipo de Bevilacqua.

Veremos - y reconoceremos- a nuestros protagonistas rápidamente metidos en faena. La investigación criminal se inicia con los interrogatorios a los testigos - siempre un punto fuerte de la pareja- con ellos, además de mostrarnos el perfil de la víctima, iremos configurando nuestras teorías sobre el posible móvil. La dificultad se multiplica en este aspecto clave de la investigación, ya que en la base militar conviven ejércitos de diferentes países, todos con sus normas, formas y jerarquías propias.  Otro aspecto clave de la investigación; la recolección metódica de las pistas, se llevará a cabo como siempre: cumpliendo estrictamente con los procedimientos policiales, porque la pulcritud formal y moral es otro de los puntos fuertes del subteniente Bevilacqua. Así, a través del método, más alguna brillante idea del equipo, siempre espoleado y motivado por la buena gestión que de él hace Bevilacqua, se van acumulando las piezas que poco a poco habrá que encajar en un puzzle coherente  que dibuje el quién y el porqué. No será tarea fácil, a veces el método de análisis racional debilita otras miradas y perspectivas, pero sobretodo, no lo será  porque en Afganistán nada  es como es parece.

Lo novedoso en esta historia es que la experiencia de nuestros protagonistas en Herat, nos permite conocer los protocolos de la base y el difícil día a día de sus habitantes. Todo se refleja con detalle en esta cuidada novela negra, y es que Lorenzo Silva ha viajado hasta allí para aclimatarse al terreno y mascar el ambiente para documentarse como dios manda. El resultado: estamos allí a la vez que Vila y Chamorro, integrados en la jerarquía militar, tragando polvo del desierto y pasando calor, mientras somos testigos de como el equipo reflexiona y analiza, toma y repasa declaraciones, investiga y desgrana el caso. Como siempre, mientras la trama principal se va desarrollando, conoceremos las inquietudes personales, las ilusiones, los deseos y frustraciones que acarrean nuestros protagonistas, unos personajes muy trabajados y tan cuidados como los diálogos que se producen entre ellos, una verdadera delicia para el lector, un ejercicio literario que no solo nos divierte, sino que nos ofrece la posibilidad de conocerlos bien y participar de la intimidad que se ha ido creando entre ellos a lo largo de los años.

Conocí a esta peculiar pareja literaria en su debut el año 1998 con la novela "El lejano país de los estanques" y desde entonces han formado parte de mi vida. Silva escribe como pocos, para mí es puro deleite, un estilo hermoso y sencillo a la vez, profundo, intenso y ágil, tremendamente irónico - lo veréis en las reflexiones de Bevilacqua- y claro, muy claro, sin pelos en la lengua, si hay que criticar se critica, sin miedo. Así es su personaje principal, el inspector Rubén Bevilacqua, un uruguayo licenciado en psicología metido a guardia civil desde los treinta años y que ahora, una vez alcanzado los cincuenta se encuentra de vueltas de todo.  Un tipo realista, con preocupaciones y miedos auténticos, como los tuyos o los míos. Un profesional metódico y cumplidor que acepta la jerarquía y la disciplina interna del cuerpo al que pertenece pero que no teme a sus superiores. Un hombre valiente que junto a la inteligencia, perspicacia y saber hacer de la sargento primero, Virginia Chamorro se ha ganado un prestigio merecido a base de echarle horas y empeño a su trabajo.

Dejando de lado los diferentes casos e intrigas que han llenado cada una de las novelas, sin duda, en mi opinión, una de las valiosas aportaciones de Silva a largo de las nueve obras que componen hasta ahora la saga, ha sido la transformación de los personajes a lo largo del tiempo. Ha sido emocionante ser testigo del proceso de maduración vital de los protagonistas y de la consolidación de la relación profesional de esta pareja de guardia civiles. En la entrevista de Andrés Seoane al autor (enlace al final) nos enteramos que se prepara para una décima entrega y tal vez alguna más, y es que el inspector Bevilacqua se acerca inexorablemente hacia la jubilación.


lunes, 4 de julio de 2016

Amor y gin-tonic. María José Vela

La escritora María José Vela nos presenta a Abigail Ruiz (Abi para los allegados) la protagonista de esta entretenida comedia romántica que transcurre en las glamurosas oficinas de EveCare, una reputadísima multinacional francesa dedicada a la cosmética. Allí, en la sede madrileña, encontramos a Abi, una eficiente trabajadora que pasa más horas que un reloj luchando por prosperar y soñando con alcanzar una posición que la sitúe, a ojos de su ambicioso novio Mario, a la altura de sus expectativas.


Ya han pasado diez años de noviazgo y, aunque Mario ya no es la misma persona de la que se enamoró, Abi le ama con locura y espera el momento en que él de el paso definitivo y le "calce" el anillo de compromiso. Todo parece ir en esa dirección, todo parece indicar que será esa noche durante la cena romántica que Mario ha planeado el momento que marcará el principio de una nueva etapa para Abi.

Y en cierto modo así es, aunque no la de la forma planeada. Tras una discusión y unos cuantos gin-tonics nos encontramos con una Abi soltera, triste, desengañada y además con una resaca épica. Pasado el aturdimiento inicial Abi se preparará para recuperar a Mario. No lo tendrá nada fácil porque además de la oposición de sus amigas que no son muy devotas del ex, aparece en escena el Sr. Hugo Bos, un hombre de lo más atractivo, sexy, interesante y dulce que, contra toda lógica, se fija en nuestra Abi y se marca el objetivo de conquistarla. ¿Podrá Abi volver con Mario? ¿Tiene Hugo buenas intenciones? ¿Qué pasa con los gin-tonics y Abi?

Valoración personal  ( 4 /5 )

Me lo he pasado bien con Abi, y mejor con su amiga Loreto, una tipeja dura que parece tener un radar infalible para cazar caraduras. El protagonista masculino; Hugo Boss, es todo un interrogante, tan dulce y atento con Abi, tan entregado y dispuesto a sus caprichos nos pone en alerta desde el primer momento, y así nos mantendremos durante toda la novela, pendientes de los movimientos de este adonis que parece hechizado por los encantos de nuestra Abigail e inmune al bellezón de la jefa de ésta. Sin embargo su carisma y atractivo pronto nos conquistará, así pues, el bueno de Hugo contará con nuestro visto bueno - y el del radar de Loreto- para enamorar a Abi y rescatarla así de la relación/obsesión enfermiza que mantiene con Mario.
    
La historia está bien trazada y los líos, malentendidos, escenas llenas de humor e incluso giros inesperados de guión se suceden sin parar en esta fresca novela que se lee de una sentada y te deja buen sabor de boca. Abi, a pesar de inspirar cierto patetismo en algunas ocasiones y pecar de inocente en algunas otras, no deja de tener su punto salvaje y valiente y, sobretodo, un ácido sentido del humor que se refleja en toda la obra y nos levanta una sonrisa más de una vez.






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