jueves, 10 de mayo de 2018

Justo. Carlos Bassas del Rey


La última novela del escritor barcelonés no tiene como protagonista a su culto inspector Heródoto Corominas, aunque podríamos encontrar algunas similitudes, ni transcurre en las imaginarias calles de Ofidia, la ciudad inventada por el autor.  Esta novela negra la protagoniza Justo, “el hombre que barre la mierda de Dios”, -reza una sentencia en las primeras páginas- y ocurre en la Barcelona del casco antiguo, la cercana al mar, la de las estrechas y oscuras calles repletas de turistas gourmets. Una curiosidad, la foto de la portada, la que retrata a un barco situado en una fachada de la calle Anisadeta es del mismo Carlos Bassas.

Justo Ledesma es un viejo que se despierta cada vez más temprano sin más objetivo, en apariencia, que callejear por su barrio como un alma en pena. “Ahora soy una carga para la sociedad, dicen. Un parásito. Una pensión que podrían ahorrarse si tuviera a bien realizar el muy solidario acto de quitarme de en medio.”  Un viejo infeliz y nostálgico al que no le gusta la gente y menos los cambios que ha experimentado su ciudad. “Barcelona es una ciudad pija. No la reconoce ni la madre que la parió”, sin duda él prefiere la del pasado, la Barcelona pre olímpica de los toros y el boxeo.

En apariencia digo, porque el protagonista de esta historia negra de venganza y muerte es algo más. Su madre, una holandesa judía que vivió el horror nazi, le explicó que es un elegido por Dios, uno de los 36 Justos con los que cuenta cada generación para ayudar a mantener el equilibro entre el Bien y el Mal. Justo no quiere decir forzosamente bueno, a él Dios le concedió el don de vislumbrar el demonio que habita en algunos, y a eso ha consagrado su existencia, a utilizar su propio demonio para aniquilar otros.  

jueves, 3 de mayo de 2018

Tiene que ser aquí. Maggie O'Farrell


Tenía ganas de leer a la escritora irlandesa Maggie O’Farrell, y lo he hecho con la que es ya su séptima novela; “Tiene que ser aquí” (Libros del Asteroide, 2017) una compleja historia de amor y desamor, que se escapa del género romántico, y que ya va por su quinta edición.

El matrimonio formado por la francesa Claudette Wells y el norteamericano Daniel Sullivan, es el hilo conductor de la novela, y es a través de ellos, como la escritora, utilizando la primera persona, aborda los numerosos temas que se entrelazan a la historia familiar. La necesidad de reinventarse, la identidad, o la relación con el padre ausente, son aspectos que aparecen a lo largo de una trama discontinua, que a pesar de desplazarnos por el pasado y por el presente de sus protagonistas, consigue mantener nuestra atención.

 Los hijos del matrimonio también cogerán el relevo de la narración, así como los de parejas anteriores, sus amigos, familiares o conocidos, todas voces autorizadas que enriquecerán la historia aportando diferentes puntos de vista y, sobretodo reflejando lo que Maggie O’Farrell quiere hacernos llegar con esta novela: el peso que el pasado tiene en nuestras relaciones presentes.   

En el momento en que empieza la historia, la pareja vive felizmente en Irlanda con sus hijos, en una casa enorme en plena campiña apartada de todo y de todos, y es que Claudette, escogió ese escenario para empezar una nueva vida tras romper drásticamente con su pasado. La nueva Claudette es ahora una ermitaña, una mujer que educa a sus hijos en casa y que vive prácticamente encerrada, así la conoció casualmente Daniel, cuando hacía poco que había iniciado su segunda vida. ¿Cuántos de nosotros hemos pensado alguna vez en escapar y empezar de nuevo? – decía Maggie O’Farrell en una entrevista. Su protagonista no solo lo pensó, también lo hizo.


viernes, 13 de abril de 2018

Extraños llamando a la puerta. Zygmunt Bauman


“La humanidad está en crisis, y no hay otra salida que la solidaridad humana”


El padre del concepto de la modernidad líquida; Zygmunt Bauman, nos dejaba justo empezar el 2017. El reconocido sociólogo y filósofo escribió numerosos ensayos, todos esenciales para entender los cambios culturales y sociales que se están produciendo, y como afectan estas transformaciones al individuo. Uno de sus últimos trabajos fue un breve ensayo dedicado a los refugiados, publicado en castellano por la editorial Paidós. 

Si bien el fenómeno de la migración masiva no es nuevo, pues ha acompañado a la era moderna desde sus inicios, en los últimos años ha aumentado significativamente el número total de inmigrantes que llaman a la puerta de Europa. A las personas que huyen de la miseria – “nuestro estilo de vida implica que haya personas sobrantes” – se suman los refugiados y los solicitantes de asilo, nos encontramos cara a cara con la consecuencia de las desastrosas expediciones en Oriente Medio, y también, con un alarmante aumento de estados fallidos.

La inseguridad del individuo al servicio de la política

La sensación general de inseguridad existencial es una característica de nuestra sociedad actual, la “sociedad del rendimiento” como la calificaba el filósofo. La desregulación del mercado laboral – camuflada tras el eufemismo de “flexibilidad” – ha contribuido al aumento de una inseguridad que resulta útil a los líderes políticos. La clase media vive angustiada, consciente de la fragilidad de su posición social, de la incertidumbre del futuro y de la sensación constante de inseguridad que los medios y los creadores de opinión, ayudan a replicar. Esta inquietud que se ha instalado, lejos de ser  aplacada, permite al gobierno poner en práctica políticas de “segurización”.


Estas políticas en realidad son un truco, una trampa que pretende desviar la ansiedad de los problemas que nuestros gobernantes no tienen la capacidad, o tal vez la voluntad,  de afrontar – como por ejemplo crear un sistema de protección social satisfactorio – hacia problemas que creen que pueden resolver o controlar. Hablamos de la lucha contra el terrorismo que amenaza la seguridad física de sus votantes. Así, los asuntos de seguridad adquieren un papel primordial porque sostienen la legitimidad del poder a la vez que aportan votos.

Vivimos en una sociedad llena de riesgos pero vacía de certezas y garantías. La vida cotidiana se precariza y el individuo se ve obligado a estar siempre preparado. Somos testimonios de cómo los poderes existentes han abandonado – o privatizado - la tarea de afrontar los problemas existenciales de los seres humanos, y también, de cómo esa titánica tarea, ha sido descargada sobre los hombros del individuo, un individuo condenado a lidiar en solitario, con sus insuficientes recursos personales, con los problemas creados por la sociedad.

El estado nación empieza a fallarnos a escala mundial, y ante este panorama imprevisible, la reacción de “las clases angustiadas” es buscar refugio y protección bajo el ala de un hombre, o de una mujer fuerte. Explica Bauman que las sociedades fracasadas depositan sus esperanzas en un salvador, que buscan a alguien que muestre un nacionalismo fuerte, militante y agresivo, un líder que prometa cerrar las puertas al planeta globalizado y retornar a un pasado que muchos añoran. La debilidad y el miedo estimulan los movimientos de identidad étnica, son intentos desesperados de levantar barricadas para contener las fuerzas del mundo moderno, para rehuir, inútilmente, las transformaciones socioeconómicas que se producen. “Cuando la sociedad falla, la nación aparece”.


Los extraños tienden a producir ansiedad y miedo

“Los refugiados encarnan el hundimiento del orden y nos recuerdan nuestra vulnerabilidad ante unas fuerzas globales desconcertantes.”


El miedo focalizado en un adversario tangible resulta más soportable, que cuando el origen de nuestro miedo nos es desconocido o se encuentra disperso. Actualmente, los inmigrantes y los refugiados encajan perfectamente en este papel. En los países receptores se ha construido un discurso que los estigmatiza doblemente, por una parte se incide en los peligros que esta “crisis migratoria” puede suponer para nuestro enclenque estado del bienestar, y, por otro lado, la política de la segurización, no pierde ocasión de asociarlos con los actos terroristas.

En nuestro mundo, cada vez más desregulado, multicéntrico y desarticulado, la mayoría de la población observa con preocupación la afluencia masiva de refugiados, sufren por su estatus social ante la emergente precariedad. Sin embargo, este rechazo choca frontalmente con nuestra innata conciencia, con la responsabilidad moral del individuo.

Bauman advierte, el obstáculo a batir es la adiaforización, es decir, la actitud distante, la indiferencia moral ante las desgracias del mundo.


No nos resultará fácil, las políticas de segurización - con la complicidad de la maquinaria mediática e institucional - extraen la cuestión de la inmigración de la esfera de la ética, para colocarla en la de las amenazas a la seguridad, y lo hacen deshumanizando a los que llegan. Se les atribuyen rasgos negativos, o simplemente se les difama, todo con el objetivo de incluirlos en una categoría de personas no merecedoras de nuestra consideración o respeto.

Una vez los inmigrantes han sido etiquetados por la opinión pública como posibles terroristas quedan fuera del espacio de la compasión. Ese acto infame, por otro lado, nos aporta un beneficio, y es que nos libera de la responsabilidad de su destino, de nuestro deber moral.

Pero para hacer frente a esta realidad irreversible no servirán de nada las políticas encaminadas a separarnos. Las comunidades y los grupos étnicos de las sociedades modernas están condenados a coexistir, a pesar de la retórica nacionalista que deslumbra a muchos. A corto plazo los muros pueden esconder el problema, pero la única solución para salir del malestar actual y evitar futuros males mayores, es luchar contra la tentación de aislarnos de la diferencia y favorecer una fusión de horizontes, porque nos jugamos mucho. El camino de la alienación y la indiferencia mutua nos conduce a la extinción colectiva, el cambio climático no se detendrá tras nuestras fronteras y afectará el futuro que compartiremos. Es hora de conversar, en el sentido amplio de la palabra, y empezar a “cosmopolizar” nuestras mentalidades. 

miércoles, 4 de abril de 2018

El Harén del Tibidabo. Andreu Martín


Editorial Alrevés.

El maestro Andreu Martín ha creado todo un mundo para nosotros, un universo clandestino y glamuroso que gira alrededor de un estrafalario personaje, Emilio (Mili)  Santamarta, el dueño y señor del “Harén”, un exclusivo prostíbulo, muy popular ya en tiempos del franquismo, que se erige en la parte alta de Barcelona.

El Harén, dirigido antes con maestría por su madre, la desaparecida madame Emili Love, y su fiel amiga íntima; Sancha, pertenece a la familia Santamarta desde hace ya varias generaciones. Sus paredes, adornadas por los tapices más exquisitos, esconden, además de exuberantes salas, numerosos secretos que avergonzarían a más de uno y condenarían a más de dos, y es que en el Harén cualquier fantasía – por extraña que parezca-  puede hacerse realidad.

El local es negocio y también refugio para Mili, allí junto a sus “colaboradoras” y Sancha – su actual familia -  pasa las horas tranquilamente nuestro agorafóbico personaje. Todo cambia el día que dos mossos de escuadra se presentan en el prostíbulo para comunicarle que ha aparecido el cuerpo de su madre con dos tiros en la nuca. Para Mili, que lleva sin verla más de diez años, esa devastadora noticia le produce un cierto alivio, eso quiere decir que su santa madre no le abandonó, sino que se la arrebataron.

Ese es el punto de partida de una historia negra, negra y más negra. Mili saldrá del burdel dispuesto a averiguar quién se cargó a su madre y, sobretodo, por qué, y es que hay algo que siempre ha torturado a nuestro hombre, y es saber si la admirada y deseada Emili Love, era o no una buena persona.  

Andreu Martín entrelaza con acierto y precisión, tramas y tiempos, el turbio pasado de la madre y de Sancha nos traslada a una Barcelona oscura y paranormal. Es el pasado del Harén, espectador impasible de rituales satánicos y de fiestas salvajes que no acostumbran a terminar bien. Hurgar en el pasado reactiva una historia mal cerrada; el asesinato de las chicas de Collserola, tres jóvenes raptadas y asesinadas que ocuparon portadas sensacionalistas y horas de telerrealidad. No podremos evitar recordar algunos, el ruido mediático que produjo el triple crimen de las niñas de Alcàsser a principios de los noventa.

A esta trama del pasado, tal vez relacionada con la desaparición de la madre, le añadimos una del presente, la de los somalíes, una banda peligrosa de proxenetas que quieren hacerse con el Harén, aprovechando el aparente momento de debilidad por el que atraviesa su dueño. Aquí Mili nos volverá locos, y nos unirá a su causa, a pesar de que se nos rebelará como un auténtico maquinador. El personaje que ha creado Martín es una joya, está lleno de matices. Es un hombre ambiguo, sinvergüenza, peligroso, histriónico y extraño, pero también es un tipo frío y calculador que sabe dónde está  y a que se dedica. Duro y macarra cuando la ocasión lo merece,  tierno y responsable cuando se le antoja,  entrar en el micro mundo de Mili Santamarta es adorarlo.

La ironía que desprende la novela y el retorcido sentido del humor del protagonista, no deberían distraer nuestra atención sobre dos puntos que, en mi opinión, hacen de esta novela negra una lectura más que recomendable. El primero es la maestría con la que la ficción es utilizada aquí para ponernos frente a un mundo oculto pero real, dirigido por depredadores que se aprovechan de la desesperación ajena para enriquecerse. El segundo, es el magnífico trabajo de investigación que el autor ha llevado a cabo. Sectas, trata de mujeres, rituales de vudú, relaciones sadomasoquistas, de todo habla Andreu Martín y de todo parece hacerlo con criterio.


Andreu Martín (Barcelona, 1949) es escritor especializado en novela negra y policíaca desde que en 1979 publicó Aprende y calla. En 1980 recibió el premio Círculo del Crimen por Prótesis. Posteriormente, ha escrito numerosas obras del género que han sido galardonadas, como Si es o no es (con el Deutsche Krimi Preis International a la mejor novela policíaca publicada en Alemania), Barcelona connection y El hombre de la navaja(las dos con premios Hammett concedidos por la Asociación Internacional de Escritores Policíacos), Bellísimas personas (que, además del Hammett, también obtuvo el premio Ateneo de Sevilla) o De todo corazón (premio Alfonsel Magnànim). Además, ha recibido el prestigioso premio Pepe Carvalho, en el festival BCNegra, que galardona toda una trayectoria —con ya más de un centenar de novelas—. Ha escrito también género erótico y novela infantil, donde, juntamente con Jaume Ribera, ha creado el personaje de “Flanagan”, cuya primera novela, No pidas sardinas fuera de temporada, recibió el Premio Nacional de Literatura Juvenil.